Por Adriana Isabel Pritz Clausen
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-"Decime, ¿vos te acordás si en 1860 había en Colonia Guadalupe una destilería?"
La pregunta formulada telefónicamente una calurosa siesta de un sábado por un amigo me quitó el sueño como por encanto. Ninguno de los miembros de mi entorno recordaba ese dato y sin embargo el testimonio estaba allí, en una de las fotografías amarillentas de la Colección de la Biblioteca Nacional pertenecientes a documentaciones de Ernesto Schlie, que se encuentran publicadas en el libro "Vistas de la Provincia de Santa Fe -1888-1892-b fotografías de Ernesto Schlie".
Sólo tiempo después, atando cabos y consultando a memoriosos vecinos del barrio pudimos reconstruir retazos de la histórica ubicación de esa destilería. Del ex Gada 121 hacia el norte, no había registros mnemónicos de edificaciones de dos plantas y galpones con una torre-chimenea; ese lugar era puro desierto, no vivía nadie y sólo la excepción de las casaquintas de los colonos inmigrantes quebraba esas soledades. Allí moraban la familia de Federico Bock o los Beckmann, hombres, mujeres y niños de apariencia austera, vestidos con sus ropas domingueras especialmente para la ocasión de ser fotografiados, con sus carros y arreos, sus tierras prolijamente aradas, animales domésticos, útiles de labranza y sus viviendas sin pretensiones.
El único dato que nos permitía rastrear orígenes era el nombre de su propietaria, la viuda de Geiser. La familia Geiser-Koch, como las antes mencionadas, pertenecía al núcleo fundador de Colonia Guadalupe, inmigrantes llegados en 1879 provenientes de Hannover, Alemania, amparados por una oferta del gobierno provincial para ocupar terrenos hueros, según lo atestigua Guillermo Wilcken en su informe titulado "Las Colonias" presentado a la Comisión Central de Inmigración en 1872. Asimismo se facilitó a cada familia, en carácter reembolsable después de dos años, una yunta de bueyes, vacas y caballos, cuyo valor, una vez devuelto, se destinaría a la construcción de una escuela.
Vaya uno a saber qué motivaciones impulsaron a José Geiser y uno de sus hermanos a decidirse a viajar a Alemania a buscar maquinarias para instalar lo que hoy sería una Pyme en el solar de la actual Avda. General Paz y Salvador del Carril, que por entonces llegaba hasta casi Aristóbulo del Valle. Tras una prolongada ausencia (más de 3 meses de travesía transoceánica en barco a vela) regresaron a estos lares para alegría de los familiares que ya los creían perdidos, con sus máquinas flamantes y enormes deseos de trabajar en algo diferente del laboreo de la tierra. Y es así que gracias al empuje y constancia de los hermanos Geiser, al poco tiempo en la destilería del lugar se podía adquirir alcohol, grapa y caña producida por ellos mismos. Como es sabido, esas bebidas alcohólicas eran obtenidas por procedimientos especiales, separando el licor de la caña de azúcar probablemente traída en carros desde el norte argentino.
Ernesto Schlie debió haber hecho un alto en el lugar para beberse algunas copas de la blanca bebida que le recordaba a las de su lugar de origen, mientras conversaba de temas comunes con sus paisanos entre 1888 y 1892, registrando su paso en la placa que motiva este relato. Al morir éste, la viuda de Geiser cuyo nombre era Matilde Koch, dejó el lugar en manos de sus hijos José y Ricardo quienes por un tiempo lo arrendaron y luego lo desguazaron, yendo a parar las maquinarias presumiblemente a la localidad de Gálvez, donde parientes las heredaron. En cuanto a la viuda, volvió a contraer nupcias esta vez con un sastre, profesión muy distinta a la de su anterior cónyuge.
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