Edificio Seagram - New York (1958): "Construyámoslo en bronce", dijo Samuel Bronfman. Philip Johnson casi se desmaya. "Pienso que sería una muy buena idea", dijo Mies van der Rohe. Los dos arquitectos habían encontrado al cliente de sus sueños: un propietario de recursos aparentemente ilimitados y, después de algunos estímulos, con una imaginación que congeniaba.
Seagram actualmente ha desaparecido, fusionándose en la firma Vivendi -y el edificio de New York sigue siendo el apilamiento de cajas de vidrio que desafortunadamente inspiró- pero en las horas del crepúsculo sus ventanas de color whisky resplandecen aún con su brillo original.
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