viernes, 7 de marzo de 2014

De Anaphis a Atenas


                               
                                                                                                               Arq. Adriana Isabel Pritz


           Artículo publicado en el diario “El Litoral” de Santa Fe en fecha Agosto 10 de 1988.




Atenas, ciudad donde habita y trabaja más de la mitad de la población total de Grecia,
viviendo en minúsculos e incómodos departamentos, ha sido descripta como la versión europea de la ciudad de México: una conurbación extendida y contaminada de parecido exacto.  La única joya es la Acrópolis que, según el irónico parecer del escritor Cyril Conolly, se asemeja a “una colección de dientes sobre un plato roto”.

Desde siempre los atenieneses soñaron con hacer de su ciudad un sitio placentero. 
Cuando los turcos abandonaron Atenas, a principios de 1830, urbanistas europeos arribaron de Baviera con sus ideas de una Atenas moderna: bulevares radiantes partiendo desde la Acrópolis hacia el infinito solo interrumpidos por líneas de puntos imaginarias marcando los bordes de su Plan Maestro.

Como todos los habitantes del Tercer Mundo saben bien, tales líneas imaginarias tienden a elevar valores de tierra dentro de las áreas designadas a niveles que muchos trabajadores no pueden afrontar. ¿Cómo entonces podría construirse esta nueva ciudad si las personas que iban a edificarla no tenían medios económicos para subsistir allí?

Con este problema se enfrentaron los primeros trabajadores que arribaron a Atenas en busca de trabajo desde su nativa Anaphis, pequeña isla situada en el Mar Egeo.  Habían escuchado que existía una ley ( que todavía parece aplicarse en nuestros días) según la cual si alguien construía una edificación durante la noche, no podía ser derrumbada ya nunca más en los días subsiguientes.  De este modo, reunieron todos los materiales que pudieron encontrar en un área deshabitada cercana a las rocas de la Acrópolis.  Durante toda esa noche, hombres y mujeres  construyeron incansablemente.  A la mañana siguiente, a pesar de la lógica conmoción, notaron que nadie tocó un ladrillo de la estructura recién terminada.

Con el correr del tiempo, nuevos contingentes repitieron el mismo procedimiento en la ladera norte de la Acrópolis.
A mediados de 1920, toda la población de esa área provenía de Anaphis y sus viviendas, junto con dos de sus iglesias, se hallaban construidas en un estilo similar al de la isla natal.  A pesar de su fortuita construcción, el sector conserva el encanto y la frescura original siendo conocido como “Anaphiótica”, que quiere decir “al estilo de Anaphis”.

Durante el boom constructivo de principios de 1970, las autoridades griegas comenzaron a mirar esas áreas tan cercanas a la Acrópolis como “un vergonzoso mal de ojo” que debía ser extirpado.  Un grupo de estudiantes de la Facultad de Arquitectura de Toronto, Canadá, que reunieron fondos para hacer un viaje de estudios a Grecia durante el verano, dieron un nuevo enfoque al problema.

A diferencia de las autoridades de ese tiempo, lo primero que hicieron estos estudiantes fue tomar un barco a la isla de Anaphis, estudiar y fotografiar los edificios y sus alrededores.  Luego se trasladaron a Atenas e hicieron lo mismo con Anaphiótica, a los pies de la Acrópolis.  A continuación invitaron a las autoridades y a los arqueólogos más renombrados a la exposición de sus hallazgos. Primero mostraron  diapositivas de los edificios de Anaphis;  luego, los edificios de Anaphiótica; luego mezclaron las dos y ya nadie pudo encontrar diferencias.
--¿Porqué un grupo es considerado como “mal de ojo” y el otro atractivo y pintoresco si ambas agrupaciones edilicias utilizan los mismos materiales, las mismas técnicas constructivas, formas y decoraciones bajo el mismo cielo azul?, argumentaron los estudiantes.

Ningún funcionario supo dar respuesta apropiada, pero la cuestión es que en la actualidad, todo aquel que visita la Acrópolis, puede apreciar las blancas construcciones de Anaphiótica gozando de buena salud y brillando bajo el ardiente sol ateniense.



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