Adriana Pritz
viernes, 8 de julio de 2016
viernes, 3 de junio de 2016
jueves, 14 de abril de 2016
ZAHA HADID una arquitecta vanguardista.
El jueves 31 de marzo, al llegar a la Facultad de
Arquitectura de la UNL para dar inicio al año lectivo 2016, nos enteramos del
fallecimiento de la arquitecta iraquí-británica Zaha Hadid, ocurrido en Miami a
los 65 años de un infarto cuando
iba a ser atendida por una afección
bronquial. Reconocida con numerosos premios, entre los
que cabe mencionar el Mies van der Rohe (2003) y el Premio Pritzker (2004, la
primera mujer en ganarlo) era considerada una superestrella, con una amplia
producción arquitectónica global en diferentes lugares del mundo.
Zaha había nacido en Bagdad en 1950 y estudió Matemática en
la Universidad Americana de Beirut antes de iniciar sus estudios de
arquitectura en 1972 en la Architectural Association de Londres. En 1979 estableció su propio estudio en Londres -Zaha Hadid Architects - obteniendo una reputación mundial por sus trabajos teóricos
innovadores. También fue socia de Rem Koolhaas en la Office of Metropolitan
Architecture. Fue profesora en las Universidades de Harvard, Yale. Hasta aquí la crónica.
Acudieron de
inmediato a nuestra memoria el recuerdo de los días que visitó nuestro país en
1991 con motivo de la Bienal´91 de Arquitectura de Bs.As. realizada del 31-09
al 05-10 organizadas por el Centro de Arte y Comunicación (CAyC) fundado por Jorge Glusberg en 1968, época de
cambios, período de efervescencia ideológica y artística, de propuestas
renovadoras de proyección internacional ligado
a lo más osado del arte contemporáneo en el diseño, arquitectura y las últimas
tecnologías.
En ese marco, la presencia de
Zaha con sus 41 años, constituía una de las atracciones de la Bienal, ya que
acudía precedida de lauros impresionantes otorgados por la prensa mundial. En
la Sala Mayor del Teatro Gral.
San Martín, ante un auditorio colmado, mostró lo último de su producción
deconstructivista: una serie de imágenes contundentes de proyectos no realizados,
formas geométricas de magnífica factura y brillante colorido que despertaron
gran polémica.
Sin embargo, esta presentación fue considerada por colegas
expositores masculinos como una muestra
pictórica y una de las voces más críticas fue la del mexicano José Reigadas
quien, preocupadísimo por la trascendencia otorgada a Hadid, no dudó en
denunciar la falta de rigor constructivo de sus proyectos. Reigadas confesó que
después de escucharla, su confusión fue tal que decidió poner sus ideas en
claro volviendo a las fuentes, esto es releyendo las obras de los grandes
maestros, entre ellos las 12 famosas máximas de F.LL.Wright destinada a los
jóvenes arquitectos, sobre todo la que decía que ningún trabajo es pequeño por insignificante que fuese y es tan digno
proyectar una catedral como un gallinero. Reigadas reflexionaba irónicamente
diciendo que si la Arq. Hadid construía un gallinero, las gallinas iban a poner
huevos cuadrados.
¿Discutida?
Claro, pero eso es propio de quienes experimentan nuevos caminos y producen
avances en las cosas. Años después, en 2004, con muy pocas obras acabadas, al recibir el Premio Pritzker confesó su inspiración en la arquitectura y los arquitectos
rusos. Zaha Hadid desafiaba la gravedad en sus proyectos y trabajó
obsesivamente con las curvas, sin importarle
que el diseño fuera para una estación de bomberos, un puente, una ópera o un
colegio. De estilo propio, mezclaba formas orgánicas y tal innovación
ha inspirado toda una nueva tipología de diseño, desde edificios hasta
muebles...
“Es una vergüenza que pensaran que mis diseños no se podían realizar. Resulta paradójico
que gracias a la gente que los ha desarrollado, he podido construirlos”
decía.
Titular de un Estudio de Arquitectura
en Londres contaba con un Equipo de renombrados Arquitectos de todo el mundo
que la asistían en su tarea creativa.
A estas alturas, cualquier proyecto de Zaha Hadid ocupaba las páginas de
la prensa mundial. En los 10 años siguientes Hadid concluirá varios proyectos
imponentes implantando su estilo futurista. Sus edificios sinuosos han
demostrado que es posible enfrentarse a la arquitectura desde otra sensibilidad
más tecnológica y menos angulosa.
Arquitectura líquida
Entre sus obras más célebres están la Ópera Guangzhou, en
China y el Centro Acuático de Londres, que fue construido para los Juegos
Olímpicos de 2012, ejemplo de cómo mezclar estética y
uso práctico. Inspirado por las
geometrías fluidas del agua en movimiento, crea espacios que reflejan los
paisajes de la costa del Parque Olímpico. Una cobertura ondulada se eleva a
partir del suelo como una onda, al mismo tiempo que describe el volumen de las
piscinas de natación y el buceo.
Concluimos
esta reseña de homenaje con algunas opiniones de reconocimiento como la de Norman Foster:
"Estoy devastado por la noticia de la pérdida
de Zaha Hadid y no puedo comprender la
enormidad de su fallecimiento. Pasé a ser muy cercano a ella como amigo y
colega manteniendo mi profundo respeto como la arquitecta de gran estatura y
significación global que era...
Creo que el triunfo de Zaha fue hacer realidad
sus bellas visiones gráficas y acercamiento escultórico hacia la
arquitectura, que tanto molestaba a algunos de sus críticos. Ella era una
persona de gran valor, convicción y tenacidad. Es raro encontrar estas
cualidades ligadas a un espíritu libre y creativo".
Arq.Adriana Isabel Pritz
31 Marzo 2016
Artículo publicado en la Revista Nosotros del Diario El Litoral de Santa Fe el 9 de Abril de 2016.
sábado, 8 de marzo de 2014
DE SERENATAS Y JAZMINES
por Adriana Pritz
Artículo publicado en Diario El Litoral de Santa Fe en Febrero 29 de 2000
La época estival en nuestra región es
pródiga en festivales donde se hace culto a nuestras tradiciones musicales. La
vigencia de cierto grupo musical integrado por jóvenes trovadores cuyo
repertorio incluye temas dedicados al amor y la reflexión escuchada al pasar de
cierta jovencita que exclamó,
-"Ay, quien fuera merecedora de una serenata
cantada por ellos junto a mi ventana..."
me movieron a escribir estas líneas.
Hoy ya nadie declara su amor a otra
persona a través de una serenata.
Nuestra sociedad se mueve con códigos muy diferentes de los de hace medio siglo donde tales expresiones de
galantería eran moneda corriente a la hora de expresar los sentimientos hacia
el ser amado.
En aquellos tiempos, los galanes solían dedicar serenatas a sus damas donde además existía un
código floral para expresar aceptación o desaire. Por lóbrega que fuese la noche, el cantor
divisaba la flor y acudía a la señal.
Junto a una reja volada, oculto tras un matorral de santarritas o
madreselvas, el galán cantaba versos
compuestos por él a su damisela acompañado por una guitarra melancólica y arrullado
por las brisas frescas que venían desde la laguna.
Si la niña la aceptaba, un brazo
asomaba por entre las rejas dejando caer
sobre la acera de rojos ladrillos un blanco jazmín.
A continuación , con voz muy queda, los
enamorados se comunicaban sus sentimientos y sus esperanzas. Y digo con voz muy
queda, porque nunca faltaban los futuros
suegros que, queriendo desalentar una
unión inconveniente despidieran al potencial yerno con un baldazo de agua fría
o, en el peor de los casos con un trabucazo en la retaguardia.
Como en
esas épocas no había celulares, la enamorada le hacía llegar a su amado su mensaje de amor o el lugar secreto de
encuentros escribiéndolo con la punta de un alfiler en pétalos de rosas,
camelias o magnolias.
En reuniones familiares, nuestras
madres y
tías suelen desplegar de vez en cuando el abanico de recuerdos
celosamente atesorados y relatarnos las
serenatas que les dedicaron a ellas,
cuando siendo novias ya comprometidas , y luego de las
despedidas de soltero, nuestros
padres acudían en noches de luna llena, al filo de la
medianoche, junto con amigos y algún
guitarrista, a cantarles canciones de
amor luego de poner un ramo de jazmines y azahares húmedos en el alféizar de la
ventana.
Las mujeres en largos camisones, muchas
veces sin encender las luces, escuchaban
tras la ventana, espiando por entre los visillos para ver quienes eran, y para agradecer con un tímido - ¡Muchas gracias ! cuando el
repertorio finalizaba.
Como tales expresiones no pasaban
desapercibidas en el vecindario, al día siguiente, en la verdulería o en la panadería, los vecinos comentaban con
lujo de detalles desde la variedad del repertorio hasta las cualidades del
cantor, porque como dije antes, en el barrio se competía para que ver qué bella
dama había sido la destinataria de la mejor serenata.
A partir de allí su cotización subía como por arte de
magia, apreciándose su mayor o menor
popularidad, en el número de personas que acudían a presenciar la ceremonia
religiosa de su matrimonio, que es el broche de oro con el que culminaban los
requiebros musicales entre enamorados en
lejanas noches de luna llena por estos lares guadalupanos...
viernes, 7 de marzo de 2014
De Anaphis a Atenas
Arq. Adriana Isabel Pritz
Artículo publicado en el diario “El Litoral” de Santa Fe en fecha
Agosto 10 de 1988.
Atenas,
ciudad donde habita y trabaja más de la mitad de la población total de Grecia,
viviendo en
minúsculos e incómodos departamentos, ha sido descripta como la versión europea
de la ciudad de México: una conurbación extendida y contaminada de parecido
exacto. La única joya es la Acrópolis
que, según el irónico parecer del escritor Cyril Conolly, se asemeja a “una
colección de dientes sobre un plato roto”.
Desde siempre
los atenieneses soñaron con hacer de su ciudad un sitio placentero.
Cuando los
turcos abandonaron Atenas, a principios de 1830, urbanistas europeos arribaron
de Baviera con sus ideas de una Atenas moderna: bulevares radiantes partiendo
desde la Acrópolis hacia el infinito solo interrumpidos por líneas de puntos
imaginarias marcando los bordes de su Plan Maestro.
Como todos
los habitantes del Tercer Mundo saben bien, tales líneas imaginarias tienden a
elevar valores de tierra dentro de las áreas designadas a niveles que muchos
trabajadores no pueden afrontar. ¿Cómo entonces podría construirse esta nueva
ciudad si las personas que iban a edificarla no tenían medios económicos para
subsistir allí?
Con este
problema se enfrentaron los primeros trabajadores que arribaron a Atenas en
busca de trabajo desde su nativa Anaphis, pequeña isla situada en el Mar
Egeo. Habían escuchado que existía una
ley ( que todavía parece aplicarse en nuestros días) según la cual si alguien
construía una edificación durante la noche, no podía ser derrumbada ya nunca
más en los días subsiguientes. De este
modo, reunieron todos los materiales que pudieron encontrar en un área
deshabitada cercana a las rocas de la Acrópolis. Durante toda esa noche, hombres y
mujeres construyeron
incansablemente. A la mañana siguiente,
a pesar de la lógica conmoción, notaron que nadie tocó un ladrillo de la
estructura recién terminada.
Con el correr
del tiempo, nuevos contingentes repitieron el mismo procedimiento en la ladera
norte de la Acrópolis.
A mediados de
1920, toda la población de esa área provenía de Anaphis y sus viviendas, junto
con dos de sus iglesias, se hallaban construidas en un estilo similar al de la
isla natal. A pesar de su fortuita
construcción, el sector conserva el encanto y la frescura original siendo
conocido como “Anaphiótica”, que
quiere decir “al estilo de Anaphis”.
Durante el
boom constructivo de principios de 1970, las autoridades griegas comenzaron a
mirar esas áreas tan cercanas a la Acrópolis como “un vergonzoso mal de ojo”
que debía ser extirpado. Un grupo de
estudiantes de la Facultad de Arquitectura de Toronto, Canadá, que reunieron
fondos para hacer un viaje de estudios a Grecia durante el verano, dieron un
nuevo enfoque al problema.
A diferencia
de las autoridades de ese tiempo, lo primero que hicieron estos estudiantes fue
tomar un barco a la isla de Anaphis, estudiar y fotografiar los edificios y sus
alrededores. Luego se trasladaron a
Atenas e hicieron lo mismo con Anaphiótica, a los pies de la Acrópolis. A continuación invitaron a las autoridades y
a los arqueólogos más renombrados a la exposición de sus hallazgos. Primero
mostraron diapositivas de los edificios
de Anaphis; luego, los edificios de
Anaphiótica; luego mezclaron las dos y ya nadie pudo encontrar diferencias.
--¿Porqué un
grupo es considerado como “mal de ojo” y el otro atractivo y pintoresco si
ambas agrupaciones edilicias utilizan los mismos materiales, las mismas
técnicas constructivas, formas y decoraciones bajo el mismo cielo azul?,
argumentaron los estudiantes.
Ningún
funcionario supo dar respuesta apropiada, pero la cuestión es que en la
actualidad, todo aquel que visita la Acrópolis, puede apreciar las blancas
construcciones de Anaphiótica gozando de buena salud y brillando bajo el
ardiente sol ateniense.
jueves, 6 de marzo de 2014
OTRA PERDIDA PARA EL PATRIMONIO CULTURAL
Demolieron la casa Bello
20-01-2009
Se trata de la casa que construyó y habitó don Alfredo Bello. Estaba ubicada en Javier de la Rosa 519 y fue destruida a pesar de integrar el listado de obras protegidas como patrimonio arquitectónico de la ciudad de Santa Fe.Casa Bello
Foto: Arq. Adriana Pritz
La Comisión Municipal de Defensa del Patrimonio Cultural hizo público su repudio por la demolición de la Casa Alfredo Bello, que estuviera ubicada en Javier de la Rosa 519, esquina Echagüe.
A través de un comunicado, la entidad resaltó que ese edificio “se encontraba protegido por la Ordenanza 10.115, ya que había sido incorporado a la lista de las doscientas obras protegidas por ser patrimonio arquitectónico de la ciudad”.
Su valor histórico, entre otras cosas, está refrendado por quien la construyó y habitó largos años: “Se trata de don Alfredo Bello, nacido en 1878; docente, político y gran altruista, por lo cual entre las paredes de su vivienda pasaron personajes trascendentes de la política, de la actividad literaria y artística, local y nacional”.
Respecto de las características de la vivienda ahora destruida, se resaltó “su morfología neocolonial, con techos de tejas y amplias galerías que comunicaban a un jardín de palmeras añosas mediante una interesante escalinata de mármol, típico esquema de casa de fin de semana”, y se enfatizó que la construcción “brindó carácter al barrio y su entorno desde su origen”.
El comunicado también recuerda que el pasado 15 de septiembre, la Dirección de Edficaciones Privadas, “ante la solicitud de los vecinos”, instó a los propietarios a mantener el edificio “en perfecto estado de uso, funcionamiento, seguridad, higiene, salubridad y estética”.
Es en ese punto donde se señala que “lejos de cumplir con lo requerido, hoy nos encontramos con el bien patrimonial demolido. Se trata de una gran pérdida para Guadalupe y para toda la ciudad, por lo cual se entiende que debe hacerse justicia en este caso, y evitar que sucedan otros semejantes en el futuro. De otro modo la ciudad quedará expoliada de sus valores y de su carácter e identidad”.
La Comisión Municipal de Defensa del Patrimonio Cultural es presidida por el arquitecto Carlos Falco (en representación del Ejecutivo municipal), y el secretario es el arquitecto Gustavo Balbastro, del Colegio de Ingenieros. La entidad está integrada además por la arquitecta María Laura Bertuzzi (Universidad Nacional del Litoral), el ingeniero José Carreras (Universidad Tecnológica Nacional), la arquitecta Clara Supisiche (Universidad Católica Santa Fe), Daniel Gon (Colegio de Técnicos), la concejala María Lastra (Concejo Municipal), Liliana Montenegro (Junta Prov. de Estudios Históricos) y la arquitecta María Beatriz Vera Candioti (Ejecutivo municipal).
Paralelamente, desde la Dirección de Edificaciones Privadas de la Municipalidad se recordó que por consultas referentes a obras que se presuman patrimoniales, o para determinar si tiene valor histórico determinado inmueble, los interesados deben dirigirse a las oficinas de esa dependencia, ubicadas en el primer piso del Palacio Municipal; o comunicarse telefónicamente al 4508111. La Dirección recibe además denuncias por posibles daños a edificios históricos de la ciudad.
A través de un comunicado, la entidad resaltó que ese edificio “se encontraba protegido por la Ordenanza 10.115, ya que había sido incorporado a la lista de las doscientas obras protegidas por ser patrimonio arquitectónico de la ciudad”.
Su valor histórico, entre otras cosas, está refrendado por quien la construyó y habitó largos años: “Se trata de don Alfredo Bello, nacido en 1878; docente, político y gran altruista, por lo cual entre las paredes de su vivienda pasaron personajes trascendentes de la política, de la actividad literaria y artística, local y nacional”.
Respecto de las características de la vivienda ahora destruida, se resaltó “su morfología neocolonial, con techos de tejas y amplias galerías que comunicaban a un jardín de palmeras añosas mediante una interesante escalinata de mármol, típico esquema de casa de fin de semana”, y se enfatizó que la construcción “brindó carácter al barrio y su entorno desde su origen”.
El comunicado también recuerda que el pasado 15 de septiembre, la Dirección de Edficaciones Privadas, “ante la solicitud de los vecinos”, instó a los propietarios a mantener el edificio “en perfecto estado de uso, funcionamiento, seguridad, higiene, salubridad y estética”.
Es en ese punto donde se señala que “lejos de cumplir con lo requerido, hoy nos encontramos con el bien patrimonial demolido. Se trata de una gran pérdida para Guadalupe y para toda la ciudad, por lo cual se entiende que debe hacerse justicia en este caso, y evitar que sucedan otros semejantes en el futuro. De otro modo la ciudad quedará expoliada de sus valores y de su carácter e identidad”.
La Comisión Municipal de Defensa del Patrimonio Cultural es presidida por el arquitecto Carlos Falco (en representación del Ejecutivo municipal), y el secretario es el arquitecto Gustavo Balbastro, del Colegio de Ingenieros. La entidad está integrada además por la arquitecta María Laura Bertuzzi (Universidad Nacional del Litoral), el ingeniero José Carreras (Universidad Tecnológica Nacional), la arquitecta Clara Supisiche (Universidad Católica Santa Fe), Daniel Gon (Colegio de Técnicos), la concejala María Lastra (Concejo Municipal), Liliana Montenegro (Junta Prov. de Estudios Históricos) y la arquitecta María Beatriz Vera Candioti (Ejecutivo municipal).
Paralelamente, desde la Dirección de Edificaciones Privadas de la Municipalidad se recordó que por consultas referentes a obras que se presuman patrimoniales, o para determinar si tiene valor histórico determinado inmueble, los interesados deben dirigirse a las oficinas de esa dependencia, ubicadas en el primer piso del Palacio Municipal; o comunicarse telefónicamente al 4508111. La Dirección recibe además denuncias por posibles daños a edificios históricos de la ciudad.
FRANK LLOYD WRIGHT Y LOS TERREMOTOS EN JAPÓN
La construcción que bailó como un juguete y quedó intacta
El arquitecto llegó a la conclusión de que la seguridad contra los terremotos residía en la elasticidad, ligereza y flexibilidad de las fundaciones y la estructura superior.
Foto: GENTILEZA PRODUCCIÓN
Arq. Adriana Isabel Pritz 23 Marzo 2011
cultura@ellitoral.com
Resulta muy difícil abstraernos en estos días y realizar nuestras actividades cotidianas cuando los medios de comunicación nos informan hasta el cansancio de las devastadoras noticias que están padeciendo nuestros hermanos japoneses. Nuestro estupor no cesa cuando vemos trágicas imágenes de las explosiones de los reactores nucleares y los posibles daños que sobrevendrán a corto y mediano plazo. Mientras desde América evaluamos las consecuencias que ello podría ocasionarnos, los desdichados japoneses están viviendo la terrible circunstancia de supervivir en medio de lo que muchas voces han caratulado como la peor desgracia desde la 2da. Guerra Mundial del siglo pasado.
Ante la inmovilidad e impotencia que nos paraliza, volvemos a releer los libros que estudiábamos en nuestra época de universitarios, aquellos que relataban cómo el arquitecto usoniano (1) Frank Lloyd Wright había diseñado un edificio a prueba de terremotos en Japón entre 1916 y 1922, el mítico Hotel Imperial de Tokio, que logró salir indemne del terremoto de 1923 pero no pudo sobrevivir a los bombardeos norteamericanos de la 2da. Guerra Mundial.
Aylessa Forsee, en su obra Frank Lloyd Wright, Rebel in Concret (1959), relataba que Wright, hacia fines de 1915 había recibido en su estudio de Taliesin, la visita de una delegación japonesa que había estado buscando por el mundo un arquitecto para construir un nuevo Hotel Imperial capaz de resistir a los terremotos.
Muy entusiasmado con la magnitud del desafío partió con su hijo John hacia la Tierra del Sol naciente donde fue recibido por el barón Okura, representante de la Casa Imperial. Tan pronto como inspeccionó la ubicación de la obra se dio cuenta de que los bocetos preliminares que había realizado en su Estudio no eran apropiados en ese entorno. Wright se dijo que las tradiciones japonesas merecían respeto. El edificio debía adaptarse a la cultura y el ambiente que lo rodeaban, es decir a la cercanía del Palacio Imperial y su altura no debía sobrepasarlo.
EN BUSCA DE LA SEGURIDAD
El hotel debía ser japonés pero también lo suficiente moderno para proveer comodidades a huéspedes extranjeros. Otro problema que debía atender es que en Japón el acero se oxidaba con grandísima rapidez por la humedad, además de la constante amenaza sísmica. Estudiando el comportamiento de los terremotos, se dio cuenta de que el enorme peso del océano Pacífico que golpea contra la superficie de las islas, abre fisuras que permiten que el agua se precipite por ellas hacia los fuegos subterráneos. El gas y el vapor que se originan se expande o explota interiormente. Al desintegrarse las rocas del subsuelo, las vibraciones u ondas convulsivas se distribuyen por toda la tierra de ese centro de perturbación.
Como resultado de los choques sísmicos del pasado, Wright sabía que los cimientos se habían estremecido y las estructuras semirrígidas se habían debilitado, agrietado o roto. Los revestimientos de concreto habían sido arrancados, exponiendo las vigas de acero a las llamas que siempre acompañan a los terremotos. Bajo el intenso calor, el acero se dobla en las junturas remachadas y por esa razón los edificios de acero se convertían a menudo en trampas mortales.
De sus investigaciones, había llegado a la conclusión de que la seguridad contra los terremotos residía en la elasticidad, ligereza y flexibilidad que tuvieran las fundaciones y la estructura superior. Estudiando el lote en que debía construir el Hotel, descubrió que debajo de una capa de terreno blando como queso se llegaba al lodo. La superficie no resistiría ninguna carga y, ¿qué podía hacer un arquitecto con un mar de barro?
Se le ocurrió que quizás, por medio de pilares de cemento, fuera posible hacer flotar al hotel sobre barro, en la misma forma en que un barco flota en el agua. En vez de oponerse al terremoto, el edificio se movería con él; el requisito indispensable debía ser por lo tanto una fundación flexible. Hizo cavar pozos en el suelo en los que vertió concreto. Más tarde ensayó el procedimiento de enterrar estacas aguzadas e inmediatamente después de retiradas llenar la cavidad de concreto. Por encima de estos pilares, hizo construir plataformas de cemento, sobre las cuales puso bolsas de arena para ver cuánto peso podría soportar cada columna, cuánto se hundía con la carga y luego calcular el diámetro y el largo de los pilares que se necesitaban.
El experimento duró casi un año, pero Wright había dado con la solución altamente original a un espinoso problema arquitectónico.
EN TODOS LOS DETALLES
Su plan fue dividir el edificio en secciones de dieciocho metros aproximadamente cada una, lo que era el límite de seguridad para evitar agrietamientos en el cemento armado, por efectos de la temperatura.
Las secciones se unirían entre sí. Para asegurar la estabilidad, los pisos descansarían sobre vigas volantes (tirantes fijados por un extremo a un soporte rígido) colocadas sobre plataformas que coloraban los pilares. En esa forma, el piso podía ser estabilizado como la bandeja que lleva un camarero con el brazo estirado. Esto le permitiría equilibrar peso con peso y dar flexibilidad a la estructura.
Los obreros japoneses, incansables, diestros pacientes e ingeniosos ayudaron a Wright a dar forma a su proyecto.
Decidió descartar los techos de tejas por el peligro de los terremotos, utilizando en cambio planchas de cobre. Para las paredes quería algún material liviano.
La oya, una piedra de lava de color verdusco con manchas como de leopardo, parecida al travertino podía ser lo adecuado. Su abundancia la hacía económica y combinada con ladrillos hechos a mano sería muy efectiva.
Las paredes del hotel eran dobles, la exterior construida de oya y ladrillos era ancha y gruesa en la base y se afinaba en la cima. Para las interiores usó ladrillos huecos y acanalados que rellenó con cemento reforzado con varillas de acero para mantener unidos.
La construcción debió sobrellevar los inconvenientes propios de una obra, viajes frecuentes del arquitecto a EE.UU., así como problemas económicos y presupuestarios. Cuando se completaron los pisos, se instaló el maderamen y los implementos de cobre. También realizó el diseño de los muebles del lugar.
SACUDÓN
Un mediodía en abril de 1922 se hallaba en la obra del Hotel cuando oyó un estampido parecido al de una bomba, acompañado de un rumor extraterreno que lo derribó a él y sus ayudantes al suelo. Se trataba de un temblor y pudo ver la “onda terrestre” pasar a través de su edificio. Afuera era un pandemonium. Temeroso de lo que vería, inspeccionó el Hotel y los instrumentos de precisión colocados sobre los cimientos mostraron que no había desviación, aunque éste había sido el peor terremoto que Tokio había sufrido en los últimos 50 años. Su obra había sido puesta a prueba y había salido airosa.
Al acercarse la hora de partir de regreso a USA se sintió satisfecho, había construido un edificio antisísmico que perduraría como un monumento para futuras generaciones. La Casa Imperial estaba encantada, el hotel era una construcción aplanada de tres pisos compuesta de parapetos y estructuras que lo hacían equivalente a siete pisos. Los detalles y la elegancia hacían que se pareciera a un amplio palacio.
Ladrillos delgados, huecos y casi dorados, unidos al cobre color turquesa y a la oya amarillo-verdusca formaban una armonía esplendorosa. Dos alas daban cabida a las habitaciones de los huéspedes, la sala y el teatro tenían capacidad para mil personas. Jardines con puentecillos sobre estanques flanqueaban el ingreso y tenía además un comedor privado, un bazar y una pileta de natación. La decoración interior era fastuosa.
Faltando completar una de las alas debió regresar a su país donde otras ocupaciones lo reclamaban. Ya instalado en un estudio en Los Angeles se dedicó a proyectar varios pedidos que tenía en carpeta.
EL EJEMPLO
Una noche, en septiembre de 1923, llegó la noticia de que un terremoto, el peor en intensidad y duración de la historia de Japón, había virtualmente borrado a Tokio y Yokohama del mapa. Recordando su primera prueba, Wright estaba seguro de que el Hotel se había salvado, pero ¿qué había sido del barón Okura y de todos sus amigos, los obreros, los ayudantes? Imposibilitado de dormir comenzó a pasearse nerviosamente. En los días subsiguientes, fue imposible establecer comunicación. Pero al llegar los horribles detalles de las 22.000 víctimas se preguntaba si algo habría sobrevivido. En momentos de duda, imaginaba a su edificio hundido en un abismo. Diez días después del suceso llegó un telegrama a su despacho en el Estudio de Olive Hill:
Hotel permanece intacto como monumento a su genio/ cientos de desposeídos auxiliados por servicios perfectamente mantenidos / felicitaciones. Barón Okura.
La noticia lo llenó de alegría. Cuando llegaron cartas, Wright se enteró con alivio que ni el barón ni sus otros amigos habían sufrido daño, pero sus propiedades estaban en escombros.
Julius Floto, el ingeniero que diseñó la estructura del Hotel escribió que el Imperial había bailado como un juguete pero no había sufrido dislocación. Figuras de piedra del jardín se habían hundido en el lodo, pero en el edificio propiamente dicho no se había roto ni un vidrio. La cañería y la calefacción estaban intactas. La estricta observancia de Wright de los principios de la construcción, la elasticidad bien dirigida, el centro de gravedad llevado lo más bajo posible y la eficiencia en el trabajo habían salvado muchas vidas. Al estallar los incendios, el hotel se había convertido en una isla de salvación. Huyendo por encima de cientos de muertos que yacían en las calles, las madres japonesas habían ido a refugiarse allí con sus hijos. Las cañerías maestras del agua corriente estaban rotas pero los empleados del hotel formaron cadenas de baldes para humedecer el maderamen con la idea de que no ardiera al acercarse el fuego al hotel. Louis Sullivan escribió en el Architectural Record que “el Hotel Imperial había sobrevivido porque había sido construido con el pensamiento”.
Bellísima lección de arquitectura la que nos relataba Aylessa Forsee, licenciada en Artes de la Universidad de Colorado, USA.
Conocedora como pocas del genio de Wright, decía que él nunca se consideró un maestro porque creía que el arte no puede enseñarse. Admitía sin embargo, que podía ser un ejemplo y la influencia que ejerció sobre sus colegas traspuso los límites de su país. Las palabras e ideas de este hombre extraordinario, lo mismo que una piedra arrojada en un plácido manantial, producirán olas que llegarán a la eternidad.
El genio de Wright vivirá para siempre.
(1) Usoniano, derivado de E.U., abreviación corriente de United States.
Fuentes:
1. Forsee, Aylessa,1959, Frank Lloyd Wright, “Rebel in Concrete”, Editorial Leru .Bs.As. Argentina.
2. Pfeiffer, Bruce Brooks, 2007, Frank Lloyd Wright, Taschen, GmbH, South Korea.
3. Russell-Hitchcock, Henry, 1942, Frank Lloyd Wright, “In the nature of materials”, Duell, Sloan and Pearce, New York, USA.
Wright se dijo que las tradiciones japonesas merecían respeto. Foto: GENTILEZA PRODUCCIÓN
Hotel Imperial, Tokio, 1915-1922, fotografía de época. Foto: GENTILEZA PRODUCCIÓN
Logró salir indemne del terremoto de 1923 pero no pudo sobrevivir a los bombardeos norteamericanos de la 2da. Guerra Mundial.
Foto: GENTILEZA PRODUCCIÓN
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









