sábado, 8 de marzo de 2014

DE SERENATAS Y JAZMINES

                                                                                                                     por Adriana Pritz
Artículo publicado en Diario El Litoral de Santa Fe en Febrero 29 de 2000



La época estival en nuestra región es pródiga en festivales donde se hace culto a nuestras tradiciones musicales. La vigencia de cierto grupo musical integrado por jóvenes trovadores cuyo repertorio incluye temas dedicados al amor y la reflexión escuchada al pasar de cierta jovencita que exclamó, 
-"Ay, quien fuera merecedora de una serenata cantada por ellos junto a mi ventana..."  
me movieron a escribir estas líneas.

Hoy ya nadie declara su amor a otra persona a través de una serenata.   
Nuestra sociedad se mueve con códigos muy diferentes  de los de hace  medio siglo donde tales expresiones de galantería eran moneda corriente a la hora de expresar los sentimientos hacia el ser amado. 
En aquellos tiempos,  los galanes solían dedicar  serenatas a sus damas donde además existía un código floral para expresar aceptación o desaire.  Por lóbrega que fuese la noche, el cantor divisaba la flor y acudía a la señal.  Junto a una reja volada, oculto tras un matorral de santarritas o madreselvas,  el galán cantaba versos compuestos por él a su damisela acompañado por una guitarra melancólica y  arrullado  por las brisas frescas que venían desde la laguna.
Si la niña la aceptaba, un brazo asomaba por entre las rejas  dejando caer sobre la acera de rojos ladrillos un blanco jazmín.


                                                                                                                          
A continuación , con voz muy queda, los enamorados se comunicaban sus sentimientos y sus esperanzas. Y digo con voz muy queda,  porque nunca faltaban los futuros suegros que,  queriendo desalentar una unión inconveniente despidieran al potencial yerno con un baldazo de agua fría o,  en el peor  de los casos con un trabucazo en la  retaguardia.

Como en esas épocas no había celulares, la enamorada le hacía llegar a su amado su  mensaje de amor o el lugar secreto de encuentros escribiéndolo con la punta de un alfiler en pétalos de rosas, camelias o magnolias.

En reuniones familiares, nuestras madres  y  tías suelen desplegar de vez en cuando el abanico de recuerdos celosamente atesorados y relatarnos las  serenatas que les dedicaron a ellas,  cuando siendo novias ya comprometidas , y  luego de las  despedidas  de soltero, nuestros padres acudían  en  noches de luna llena, al filo de la medianoche,  junto con amigos y algún guitarrista, a cantarles  canciones de amor luego de poner un ramo de jazmines y azahares húmedos en el alféizar de la ventana.

Las mujeres en largos camisones, muchas veces sin encender las luces,  escuchaban tras la ventana, espiando por entre los visillos para ver quienes eran,  y para agradecer con un tímido  -  ¡Muchas gracias ! cuando el repertorio finalizaba.
Como tales expresiones no pasaban desapercibidas en el vecindario, al día siguiente, en la verdulería o  en la panadería, los vecinos comentaban con lujo de detalles desde la variedad del repertorio hasta las cualidades del cantor, porque como dije antes, en el barrio se competía para que ver qué bella dama  había sido la destinataria de  la mejor serenata.

 A partir de allí  su cotización subía como por arte de magia,  apreciándose su mayor o menor popularidad, en el número de personas que acudían a presenciar la ceremonia religiosa de su matrimonio, que es el broche de oro con el que culminaban los requiebros musicales entre enamorados  en lejanas noches de luna llena por estos lares guadalupanos... 




viernes, 7 de marzo de 2014

De Anaphis a Atenas


                               
                                                                                                               Arq. Adriana Isabel Pritz


           Artículo publicado en el diario “El Litoral” de Santa Fe en fecha Agosto 10 de 1988.




Atenas, ciudad donde habita y trabaja más de la mitad de la población total de Grecia,
viviendo en minúsculos e incómodos departamentos, ha sido descripta como la versión europea de la ciudad de México: una conurbación extendida y contaminada de parecido exacto.  La única joya es la Acrópolis que, según el irónico parecer del escritor Cyril Conolly, se asemeja a “una colección de dientes sobre un plato roto”.

Desde siempre los atenieneses soñaron con hacer de su ciudad un sitio placentero. 
Cuando los turcos abandonaron Atenas, a principios de 1830, urbanistas europeos arribaron de Baviera con sus ideas de una Atenas moderna: bulevares radiantes partiendo desde la Acrópolis hacia el infinito solo interrumpidos por líneas de puntos imaginarias marcando los bordes de su Plan Maestro.

Como todos los habitantes del Tercer Mundo saben bien, tales líneas imaginarias tienden a elevar valores de tierra dentro de las áreas designadas a niveles que muchos trabajadores no pueden afrontar. ¿Cómo entonces podría construirse esta nueva ciudad si las personas que iban a edificarla no tenían medios económicos para subsistir allí?

Con este problema se enfrentaron los primeros trabajadores que arribaron a Atenas en busca de trabajo desde su nativa Anaphis, pequeña isla situada en el Mar Egeo.  Habían escuchado que existía una ley ( que todavía parece aplicarse en nuestros días) según la cual si alguien construía una edificación durante la noche, no podía ser derrumbada ya nunca más en los días subsiguientes.  De este modo, reunieron todos los materiales que pudieron encontrar en un área deshabitada cercana a las rocas de la Acrópolis.  Durante toda esa noche, hombres y mujeres  construyeron incansablemente.  A la mañana siguiente, a pesar de la lógica conmoción, notaron que nadie tocó un ladrillo de la estructura recién terminada.

Con el correr del tiempo, nuevos contingentes repitieron el mismo procedimiento en la ladera norte de la Acrópolis.
A mediados de 1920, toda la población de esa área provenía de Anaphis y sus viviendas, junto con dos de sus iglesias, se hallaban construidas en un estilo similar al de la isla natal.  A pesar de su fortuita construcción, el sector conserva el encanto y la frescura original siendo conocido como “Anaphiótica”, que quiere decir “al estilo de Anaphis”.

Durante el boom constructivo de principios de 1970, las autoridades griegas comenzaron a mirar esas áreas tan cercanas a la Acrópolis como “un vergonzoso mal de ojo” que debía ser extirpado.  Un grupo de estudiantes de la Facultad de Arquitectura de Toronto, Canadá, que reunieron fondos para hacer un viaje de estudios a Grecia durante el verano, dieron un nuevo enfoque al problema.

A diferencia de las autoridades de ese tiempo, lo primero que hicieron estos estudiantes fue tomar un barco a la isla de Anaphis, estudiar y fotografiar los edificios y sus alrededores.  Luego se trasladaron a Atenas e hicieron lo mismo con Anaphiótica, a los pies de la Acrópolis.  A continuación invitaron a las autoridades y a los arqueólogos más renombrados a la exposición de sus hallazgos. Primero mostraron  diapositivas de los edificios de Anaphis;  luego, los edificios de Anaphiótica; luego mezclaron las dos y ya nadie pudo encontrar diferencias.
--¿Porqué un grupo es considerado como “mal de ojo” y el otro atractivo y pintoresco si ambas agrupaciones edilicias utilizan los mismos materiales, las mismas técnicas constructivas, formas y decoraciones bajo el mismo cielo azul?, argumentaron los estudiantes.

Ningún funcionario supo dar respuesta apropiada, pero la cuestión es que en la actualidad, todo aquel que visita la Acrópolis, puede apreciar las blancas construcciones de Anaphiótica gozando de buena salud y brillando bajo el ardiente sol ateniense.



jueves, 6 de marzo de 2014

OTRA PERDIDA PARA EL PATRIMONIO CULTURAL

Demolieron la casa Bello
 20-01-2009
Se trata de la casa que construyó y habitó don Alfredo Bello. Estaba ubicada en Javier de la Rosa 519 y fue destruida a pesar de integrar el listado de obras protegidas como patrimonio arquitectónico de la ciudad de Santa Fe.Casa Bello
Inicios de la década del ‘90. Se le introducen modificaciones en el ingreso y en el techo.
 Foto: Arq. Adriana Pritz

La Comisión Municipal de Defensa del Patrimonio Cultural hizo público su repudio por la demolición de la Casa Alfredo Bello, que estuviera ubicada en Javier de la Rosa 519, esquina Echagüe.

A través de un comunicado, la entidad resaltó que ese edificio “se encontraba protegido por la Ordenanza 10.115, ya que había sido incorporado a la lista de las doscientas obras protegidas por ser patrimonio arquitectónico de la ciudad”.

Su valor histórico, entre otras cosas, está refrendado por quien la construyó y habitó largos años: “Se trata de don Alfredo Bello, nacido en 1878; docente, político y gran altruista, por lo cual entre las paredes de su vivienda pasaron personajes trascendentes de la política, de la actividad literaria y artística, local y nacional”.

Respecto de las características de la vivienda ahora destruida, se resaltó “su morfología neocolonial, con techos de tejas y amplias galerías que comunicaban a un jardín de palmeras añosas mediante una interesante escalinata de mármol, típico esquema de casa de fin de semana”, y se enfatizó que la construcción “brindó carácter al barrio y su entorno desde su origen”.

El comunicado también recuerda que el pasado 15 de septiembre, la Dirección de Edficaciones Privadas, “ante la solicitud de los vecinos”, instó a los propietarios a mantener el edificio “en perfecto estado de uso, funcionamiento, seguridad, higiene, salubridad y estética”.

Es en ese punto donde se señala que “lejos de cumplir con lo requerido, hoy nos encontramos con el bien patrimonial demolido. Se trata de una gran pérdida para Guadalupe y para toda la ciudad, por lo cual se entiende que debe hacerse justicia en este caso, y evitar que sucedan otros semejantes en el futuro. De otro modo la ciudad quedará expoliada de sus valores y de su carácter e identidad”.

La Comisión Municipal de Defensa del Patrimonio Cultural es presidida por el arquitecto Carlos Falco (en representación del Ejecutivo municipal), y el secretario es el arquitecto Gustavo Balbastro, del Colegio de Ingenieros. La entidad está integrada además por la arquitecta María Laura Bertuzzi (Universidad Nacional del Litoral), el ingeniero José Carreras (Universidad Tecnológica Nacional), la arquitecta Clara Supisiche (Universidad Católica Santa Fe), Daniel Gon (Colegio de Técnicos), la concejala María Lastra (Concejo Municipal), Liliana Montenegro (Junta Prov. de Estudios Históricos) y la arquitecta María Beatriz Vera Candioti (Ejecutivo municipal).

Paralelamente, desde la Dirección de Edificaciones Privadas de la Municipalidad se recordó que por consultas referentes a obras que se presuman patrimoniales, o para determinar si tiene valor histórico determinado inmueble, los interesados deben dirigirse a las oficinas de esa dependencia, ubicadas en el primer piso del Palacio Municipal; o comunicarse telefónicamente al 4508111. La Dirección recibe además denuncias por posibles daños a edificios históricos de la ciudad.

FRANK LLOYD WRIGHT Y LOS TERREMOTOS EN JAPÓN


La construcción que bailó como un juguete y quedó intacta
La construcción que bailó como un juguete y quedó intacta
El arquitecto llegó a la conclusión de que la seguridad contra los terremotos residía en la elasticidad, ligereza y flexibilidad de las fundaciones y la estructura superior.
Foto: GENTILEZA PRODUCCIÓN
Arq. Adriana Isabel Pritz                                                                                                                                               23 Marzo 2011
cultura@ellitoral.com
Resulta muy difícil abstraernos en estos días y realizar nuestras actividades cotidianas cuando los medios de comunicación nos informan hasta el cansancio de las devastadoras noticias que están padeciendo nuestros hermanos japoneses. Nuestro estupor no cesa cuando vemos trágicas imágenes de las explosiones de los reactores nucleares y los posibles daños que sobrevendrán a corto y mediano plazo. Mientras desde América evaluamos las consecuencias que ello podría ocasionarnos, los desdichados japoneses están viviendo la terrible circunstancia de supervivir en medio de lo que muchas voces han caratulado como la peor desgracia desde la 2da. Guerra Mundial del siglo pasado.
Ante la inmovilidad e impotencia que nos paraliza, volvemos a releer los libros que estudiábamos en nuestra época de universitarios, aquellos que relataban cómo el arquitecto usoniano (1) Frank Lloyd Wright había diseñado un edificio a prueba de terremotos en Japón entre 1916 y 1922, el mítico Hotel Imperial de Tokio, que logró salir indemne del terremoto de 1923 pero no pudo sobrevivir a los bombardeos norteamericanos de la 2da. Guerra Mundial.
Aylessa Forsee, en su obra Frank Lloyd Wright, Rebel in Concret (1959), relataba que Wright, hacia fines de 1915 había recibido en su estudio de Taliesin, la visita de una delegación japonesa que había estado buscando por el mundo un arquitecto para construir un nuevo Hotel Imperial capaz de resistir a los terremotos.
Muy entusiasmado con la magnitud del desafío partió con su hijo John hacia la Tierra del Sol naciente donde fue recibido por el barón Okura, representante de la Casa Imperial. Tan pronto como inspeccionó la ubicación de la obra se dio cuenta de que los bocetos preliminares que había realizado en su Estudio no eran apropiados en ese entorno. Wright se dijo que las tradiciones japonesas merecían respeto. El edificio debía adaptarse a la cultura y el ambiente que lo rodeaban, es decir a la cercanía del Palacio Imperial y su altura no debía sobrepasarlo.
EN BUSCA DE LA SEGURIDAD
El hotel debía ser japonés pero también lo suficiente moderno para proveer comodidades a huéspedes extranjeros. Otro problema que debía atender es que en Japón el acero se oxidaba con grandísima rapidez por la humedad, además de la constante amenaza sísmica. Estudiando el comportamiento de los terremotos, se dio cuenta de que el enorme peso del océano Pacífico que golpea contra la superficie de las islas, abre fisuras que permiten que el agua se precipite por ellas hacia los fuegos subterráneos. El gas y el vapor que se originan se expande o explota interiormente. Al desintegrarse las rocas del subsuelo, las vibraciones u ondas convulsivas se distribuyen por toda la tierra de ese centro de perturbación.
Como resultado de los choques sísmicos del pasado, Wright sabía que los cimientos se habían estremecido y las estructuras semirrígidas se habían debilitado, agrietado o roto. Los revestimientos de concreto habían sido arrancados, exponiendo las vigas de acero a las llamas que siempre acompañan a los terremotos. Bajo el intenso calor, el acero se dobla en las junturas remachadas y por esa razón los edificios de acero se convertían a menudo en trampas mortales.
De sus investigaciones, había llegado a la conclusión de que la seguridad contra los terremotos residía en la elasticidad, ligereza y flexibilidad que tuvieran las fundaciones y la estructura superior. Estudiando el lote en que debía construir el Hotel, descubrió que debajo de una capa de terreno blando como queso se llegaba al lodo. La superficie no resistiría ninguna carga y, ¿qué podía hacer un arquitecto con un mar de barro?
Se le ocurrió que quizás, por medio de pilares de cemento, fuera posible hacer flotar al hotel sobre barro, en la misma forma en que un barco flota en el agua. En vez de oponerse al terremoto, el edificio se movería con él; el requisito indispensable debía ser por lo tanto una fundación flexible. Hizo cavar pozos en el suelo en los que vertió concreto. Más tarde ensayó el procedimiento de enterrar estacas aguzadas e inmediatamente después de retiradas llenar la cavidad de concreto. Por encima de estos pilares, hizo construir plataformas de cemento, sobre las cuales puso bolsas de arena para ver cuánto peso podría soportar cada columna, cuánto se hundía con la carga y luego calcular el diámetro y el largo de los pilares que se necesitaban.
El experimento duró casi un año, pero Wright había dado con la solución altamente original a un espinoso problema arquitectónico.
EN TODOS LOS DETALLES
Su plan fue dividir el edificio en secciones de dieciocho metros aproximadamente cada una, lo que era el límite de seguridad para evitar agrietamientos en el cemento armado, por efectos de la temperatura.
Las secciones se unirían entre sí. Para asegurar la estabilidad, los pisos descansarían sobre vigas volantes (tirantes fijados por un extremo a un soporte rígido) colocadas sobre plataformas que coloraban los pilares. En esa forma, el piso podía ser estabilizado como la bandeja que lleva un camarero con el brazo estirado. Esto le permitiría equilibrar peso con peso y dar flexibilidad a la estructura.
Los obreros japoneses, incansables, diestros pacientes e ingeniosos ayudaron a Wright a dar forma a su proyecto.
Decidió descartar los techos de tejas por el peligro de los terremotos, utilizando en cambio planchas de cobre. Para las paredes quería algún material liviano.
La oya, una piedra de lava de color verdusco con manchas como de leopardo, parecida al travertino podía ser lo adecuado. Su abundancia la hacía económica y combinada con ladrillos hechos a mano sería muy efectiva.
Las paredes del hotel eran dobles, la exterior construida de oya y ladrillos era ancha y gruesa en la base y se afinaba en la cima. Para las interiores usó ladrillos huecos y acanalados que rellenó con cemento reforzado con varillas de acero para mantener unidos.
La construcción debió sobrellevar los inconvenientes propios de una obra, viajes frecuentes del arquitecto a EE.UU., así como problemas económicos y presupuestarios. Cuando se completaron los pisos, se instaló el maderamen y los implementos de cobre. También realizó el diseño de los muebles del lugar.
SACUDÓN
Un mediodía en abril de 1922 se hallaba en la obra del Hotel cuando oyó un estampido parecido al de una bomba, acompañado de un rumor extraterreno que lo derribó a él y sus ayudantes al suelo. Se trataba de un temblor y pudo ver la “onda terrestre” pasar a través de su edificio. Afuera era un pandemonium. Temeroso de lo que vería, inspeccionó el Hotel y los instrumentos de precisión colocados sobre los cimientos mostraron que no había desviación, aunque éste había sido el peor terremoto que Tokio había sufrido en los últimos 50 años. Su obra había sido puesta a prueba y había salido airosa.
Al acercarse la hora de partir de regreso a USA se sintió satisfecho, había construido un edificio antisísmico que perduraría como un monumento para futuras generaciones. La Casa Imperial estaba encantada, el hotel era una construcción aplanada de tres pisos compuesta de parapetos y estructuras que lo hacían equivalente a siete pisos. Los detalles y la elegancia hacían que se pareciera a un amplio palacio.
Ladrillos delgados, huecos y casi dorados, unidos al cobre color turquesa y a la oya amarillo-verdusca formaban una armonía esplendorosa. Dos alas daban cabida a las habitaciones de los huéspedes, la sala y el teatro tenían capacidad para mil personas. Jardines con puentecillos sobre estanques flanqueaban el ingreso y tenía además un comedor privado, un bazar y una pileta de natación. La decoración interior era fastuosa.
Faltando completar una de las alas debió regresar a su país donde otras ocupaciones lo reclamaban. Ya instalado en un estudio en Los Angeles se dedicó a proyectar varios pedidos que tenía en carpeta.
EL EJEMPLO
Una noche, en septiembre de 1923, llegó la noticia de que un terremoto, el peor en intensidad y duración de la historia de Japón, había virtualmente borrado a Tokio y Yokohama del mapa. Recordando su primera prueba, Wright estaba seguro de que el Hotel se había salvado, pero ¿qué había sido del barón Okura y de todos sus amigos, los obreros, los ayudantes? Imposibilitado de dormir comenzó a pasearse nerviosamente. En los días subsiguientes, fue imposible establecer comunicación. Pero al llegar los horribles detalles de las 22.000 víctimas se preguntaba si algo habría sobrevivido. En momentos de duda, imaginaba a su edificio hundido en un abismo. Diez días después del suceso llegó un telegrama a su despacho en el Estudio de Olive Hill:
Hotel permanece intacto como monumento a su genio/ cientos de desposeídos auxiliados por servicios perfectamente mantenidos / felicitaciones. Barón Okura.
La noticia lo llenó de alegría. Cuando llegaron cartas, Wright se enteró con alivio que ni el barón ni sus otros amigos habían sufrido daño, pero sus propiedades estaban en escombros.
Julius Floto, el ingeniero que diseñó la estructura del Hotel escribió que el Imperial había bailado como un juguete pero no había sufrido dislocación. Figuras de piedra del jardín se habían hundido en el lodo, pero en el edificio propiamente dicho no se había roto ni un vidrio. La cañería y la calefacción estaban intactas. La estricta observancia de Wright de los principios de la construcción, la elasticidad bien dirigida, el centro de gravedad llevado lo más bajo posible y la eficiencia en el trabajo habían salvado muchas vidas. Al estallar los incendios, el hotel se había convertido en una isla de salvación. Huyendo por encima de cientos de muertos que yacían en las calles, las madres japonesas habían ido a refugiarse allí con sus hijos. Las cañerías maestras del agua corriente estaban rotas pero los empleados del hotel formaron cadenas de baldes para humedecer el maderamen con la idea de que no ardiera al acercarse el fuego al hotel. Louis Sullivan escribió en el Architectural Record que “el Hotel Imperial había sobrevivido porque había sido construido con el pensamiento”.
Bellísima lección de arquitectura la que nos relataba Aylessa Forsee, licenciada en Artes de la Universidad de Colorado, USA.
Conocedora como pocas del genio de Wright, decía que él nunca se consideró un maestro porque creía que el arte no puede enseñarse. Admitía sin embargo, que podía ser un ejemplo y la influencia que ejerció sobre sus colegas traspuso los límites de su país. Las palabras e ideas de este hombre extraordinario, lo mismo que una piedra arrojada en un plácido manantial, producirán olas que llegarán a la eternidad.
El genio de Wright vivirá para siempre.
(1) Usoniano, derivado de E.U., abreviación corriente de United States.
Fuentes:
1. Forsee, Aylessa,1959, Frank Lloyd Wright, “Rebel in Concrete”, Editorial Leru .Bs.As. Argentina.
2. Pfeiffer, Bruce Brooks, 2007, Frank Lloyd Wright, Taschen, GmbH, South Korea.
3. Russell-Hitchcock, Henry, 1942, Frank Lloyd Wright, “In the nature of materials”, Duell, Sloan and Pearce, New York, USA.
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Wright se dijo que las tradiciones japonesas merecían respeto. Foto: GENTILEZA PRODUCCIÓN

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Hotel Imperial, Tokio, 1915-1922, fotografía de época. Foto: GENTILEZA PRODUCCIÓN

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Logró salir indemne del terremoto de 1923 pero no pudo sobrevivir a los bombardeos norteamericanos de la 2da. Guerra Mundial.
Foto: GENTILEZA PRODUCCIÓN

CIUDAD INCLUSIVA, CIUDAD JUSTA Y DIGNA


                                                                                                                     19 Marzo 2003
Por la Arq. Adriana Pritz

Los viejos, ¿son hombres? De acuerdo con la manera que los trata la sociedad es posible dudarlo. Ella admite que no tienen las mismas necesidades ni los mismos derechos que los otros miembros de la colectividad, pues les rehuye el mínimo necesario para vivir; los condena deliberadamente a la miseria. Comúnmente esto no se disfraza, se prefiere ignorarlo: la vejez es un secreto vergonzoso y un tema prohibido. La desgracia de los ancianos es un signo del fracaso de la civilización contemporánea. (“La vieillesse”, Simone de Beauvoir. Editorial Sudamericana, 1970).
Estas reflexiones de insoslayable vigencia fueron escritas por la autora de “La vejez”, hace 39 años. Es una constante al leer los diarios encontrar referencias acerca de los sufrimientos y humillaciones a las que se ven sometidas las personas de la tercera edad, en los diferentes lugares donde deben desenvolverse y desarrollar sus actividades.
Dentro del complejo funcionamiento de una ciudad, los abuelos constituyen un significativo número de personas que no tienen accesibilidad apropiada para poder desenvolverse en los diferentes espacios que forman parte de su fisonomía.
En la gran masa humana hay personas que se ven afectadas por barreras arquitectónicas para desenvolverse cotidianamente, como por ejemplo los ciegos, sordomudos, los que se desplazan en sillas de ruedas, personas con movilidad reducida, aquellas que sufren trastornos como la obesidad, etc. Hasta nuestros niños son víctimas de los malos diseños.
La accesibilidad constituiría el conjunto de factores inherentes a la edificación, urbanismo, sistemas de transporte y medios de comunicación que permiten un uso general, práctico, funcional, y sin segmentaciones que generen frustraciones dentro de la población, mejorando la calidad de vida y participación activa de los usuarios dentro de la sociedad.
Imaginemos a una persona ciega o a un minusválido que pueda transitar por una calle con la misma calidad con que lo hace otra persona que se vale por sus propios medios, o que pueda optar por un trabajo al igual que el resto, porque la Arquitectura se lo permite, imaginen la satisfacción mental y de autoestima que ese individuo puede desarrollar.
Los arquitectos y diseñadores, hacedores de ámbitos físicos, tenemos la obligación de proyectar sin barreras, para lograr hábitats cómodos y dignos no sólo para los niños, ancianos y discapacitados; para todas las personas por igual.
En el caso de la vivienda para los adultos mayores, la misma debe ser franqueable, accesible y usable.
Decimos franqueable: cuando se puede entrar al edificio desde la vía pública o del exterior sin ayuda de terceros. Accesible: siendo franqueables, se puede recorrer totalmente y llegar a los locales que deban ser utilizados. Usable: siendo accesible, se pueden desarrollar en su interior todas las actividades proyectadas.
En países como Estados Unidos o los europeos existen reglamentaciones muy estrictas que rigen la construcción de edificios, determinando como obligatorio contemplar ciertos servicios y dimensiones mínimas tendientes a la integración. En nuestro país, los avances son más lentos: comienzan a aparecer disposiciones legales que todavía son incompletas, tímidas, y es imperioso educar a la población acerca de esta necesidad general.
Observamos algunos avances, como ascensores o rampas para sillas de ruedas en ciertos edificios públicos, en las esquinas, supermercados cuyas puertas se abren automáticamente, pocas líneas de colectivos que incorporaron facilidades para usuarios con discapacidades, pero no mucho más de lo mencionado.
En nuestras facultades de Arquitectura se hace especial hincapié en capacitar a los futuros profesionales para resolver estos desafíos, con ejercicios académicos que buscan entrenar a estudiantes a recorrer la ciudad mirando con ojos críticos las barreras actuales, ejercitándolos a proponer transformaciones a fin de elaborar proyectos accesibles que no haya que adaptar después.
Para lograr una concientización general se debería trabajar arduamente educando a las futuras generaciones desde los inicios de su formación ciudadana.
¿Que entendemos por discapacidades? El Arquitecto discapacitado español Enrique Rovira-Beleta Cuyás ha realizado interesantes aportes que transcribimos para comprender la problemática. Según su enfoque una persona con movilidad reducida, es aquella que tiene limitada temporalmente o permanentemente la posibilidad de desplazarse. Una persona con limitaciones es aquella que temporalmente o permanentemente tiene limitada la capacidad de utilizar el medio o relacionarse.
Establece tres grandes grupos de personas con limitaciones físicas y/o sensoriales:
Los Ambulantes: son aquellas que ejecutan determinados movimientos con dificultad, sea con la ayuda o no de aparatos ortopédicos, bastones, etc.
Los principales problemas que los afectan son: dificultad en salvar desniveles y escaleras tanto por problemas musculares como de equilibrio. Dificultad en pasar por espacios estrechos. Dificultad en ejecutar trayectos largos sin descansar.
Mayor peligro de caídas por tropiezos o resbalones de los pies o bastones. Dificultad en abrir y cerrar puertas, especialmente si tienen mecanismos de retorno. Dificultad para accionar mecanismos que precisan de dos manos a la vez. Usuarios de silla de ruedas: son aquellos que precisan de una silla de ruedas para llevar a cabo sus actividades, bien de forma autónoma o con ayuda de terceras personas.
Los principales problemas que les afectan son: imposibilidad de superar desniveles bruscos y escaleras. Imposibilidad de superar pendientes importantes, peligro de volcar o resbalar. Limitación de sus posibilidades de alcance manual y visual.
Necesidad de espacios amplios para girar, abrir puertas, etc. Imposibilidad de pasar por lugares estrechos.
Los Sensoriales: son aquellos que tienen dificultades de percepción, debido a una limitación de sus capacidades sensitivas, principalmente las visuales y las auditivas.
Los principales problemas que encontramos son, para aquellas que tienen dificultades de visión: identificación de objetos plurales (botoneras, rótulos, etc.), detección de obstáculos (desniveles, elementos salientes, etc.), determinación de direcciones y seguimiento de itinerarios.
Los principales problemas que afectan a aquellas que tienen dificultades auditivas: identificación de señales acústicas (alarmas, voz, timbres, etc.).
En definitiva, estas personas necesitan una buena información escrita y/o auditiva para poder ser autónomas, y a la vez esto repercutiría en una mejor señalización para todos, y evitaría posibles accidentes a personas despistadas que puntualmente no ven o no sienten.
Seguramente, el lector de estas líneas tendrá experiencias propias que aportar, a la hora de enumerar barreras físicas con las que enfrenta cotidianamente, al acceder a edificios de departamentos con escalones de ingreso empinados, puertas de ingreso de blindex no debidamente señalizadas o mal iluminadas, ascensores que no funcionan por cortes de luz, resbalones en escaleras mal compensadas, departamentos con puertas o pasillos cuyas dimensiones no permiten la circulación o ingreso de camillas y sillas de ruedas, y tantos otros ejemplos de soluciones arquitectónicas mal resueltas que podrían optimizarse con un poco de sentido común.
Afortunadamente, existen en nuestra ciudad especialistas en esta problemática, cuya especial sensibilidad permite ayudar al colectivo social que ve menguada su integración social, debido a sus limitaciones.

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El transporte de personas con dificultades para el traslado es uno de los temas que deben ser tenidos en cuenta de modo permanente.

Un VIAJE al PASADO de la MANO de SCHLIE

4 Febrero 2002

                                                                                           Por Adriana Isabel Pritz Clausen







-"Decime, ¿vos te acordás si en 1860 había en Colonia Guadalupe una destilería?"


La pregunta formulada telefónicamente una calurosa siesta de un sábado por un amigo me quitó el sueño como por encanto. Ninguno de los miembros de mi entorno recordaba ese dato y sin embargo el testimonio estaba allí, en una de las fotografías amarillentas de la Colección de la Biblioteca Nacional pertenecientes a documentaciones de Ernesto Schlie, que se encuentran publicadas en el libro "Vistas de la Provincia de Santa Fe -1888-1892-b fotografías de Ernesto Schlie".

Sólo tiempo después, atando cabos y consultando a memoriosos vecinos del barrio pudimos reconstruir retazos de la histórica ubicación de esa destilería. Del ex Gada 121 hacia el norte, no había registros mnemónicos de edificaciones de dos plantas y galpones con una torre-chimenea; ese lugar era puro desierto, no vivía nadie y sólo la excepción de las casaquintas de los colonos inmigrantes quebraba esas soledades. Allí moraban la familia de Federico Bock o los Beckmann, hombres, mujeres y niños de apariencia austera, vestidos con sus ropas domingueras especialmente para la ocasión de ser fotografiados, con sus carros y arreos, sus tierras prolijamente aradas, animales domésticos, útiles de labranza y sus viviendas sin pretensiones.

El único dato que nos permitía rastrear orígenes era el nombre de su propietaria, la viuda de Geiser. La familia Geiser-Koch, como las antes mencionadas, pertenecía al núcleo fundador de Colonia Guadalupe, inmigrantes llegados en 1879 provenientes de Hannover, Alemania, amparados por una oferta del gobierno provincial para ocupar terrenos hueros, según lo atestigua Guillermo Wilcken en su informe titulado "Las Colonias" presentado a la Comisión Central de Inmigración en 1872. Asimismo se facilitó a cada familia, en carácter reembolsable después de dos años, una yunta de bueyes, vacas y caballos, cuyo valor, una vez devuelto, se destinaría a la construcción de una escuela.

Vaya uno a saber qué motivaciones impulsaron a José Geiser y uno de sus hermanos a decidirse a viajar a Alemania a buscar maquinarias para instalar lo que hoy sería una Pyme en el solar de la actual Avda. General Paz y Salvador del Carril, que por entonces llegaba hasta casi Aristóbulo del Valle. Tras una prolongada ausencia (más de 3 meses de travesía transoceánica en barco a vela) regresaron a estos lares para alegría de los familiares que ya los creían perdidos, con sus máquinas flamantes y enormes deseos de trabajar en algo diferente del laboreo de la tierra. Y es así que gracias al empuje y constancia de los hermanos Geiser, al poco tiempo en la destilería del lugar se podía adquirir alcohol, grapa y caña producida por ellos mismos. Como es sabido, esas bebidas alcohólicas eran obtenidas por procedimientos especiales, separando el licor de la caña de azúcar probablemente traída en carros desde el norte argentino.

Ernesto Schlie debió haber hecho un alto en el lugar para beberse algunas copas de la blanca bebida que le recordaba a las de su lugar de origen, mientras conversaba de temas comunes con sus paisanos entre 1888 y 1892, registrando su paso en la placa que motiva este relato. Al morir éste, la viuda de Geiser cuyo nombre era Matilde Koch, dejó el lugar en manos de sus hijos José y Ricardo quienes por un tiempo lo arrendaron y luego lo desguazaron, yendo a parar las maquinarias presumiblemente a la localidad de Gálvez, donde parientes las heredaron. En cuanto a la viuda, volvió a contraer nupcias esta vez con un sastre, profesión muy distinta a la de su anterior cónyuge.

(*) "Vistas de la provincia de Santa Fe. 1888-1892". Fotografías de Ernesto H. Schlie. (Edición Diario El Litoral, Santa Fe, 2000). 

GUADALUPE, historia y leyenda


Archivo El Litoral. IDENTIDAD. La Iglesia, la unidad militar, las inmigraciones y las bellezas naturales de la zona, hicieron de Guadalupe un lugar con identidad propia.
Abril 11 de 2002

Un trabajo de investigación aborda el origen del barrio y su urbanización. Alrededor de la devoción a la Virgen se teje la historia de toda una comunidad.

Una interesante monografía de la Arq. Adriana Pritz Clausen evoca el nacimiento y crecimiento del barrio Guadalupe; por su extensión lamentablemente no podemos reproducirla íntegramente sino sólo en apretada síntesis.



  • En la segunda mitad del siglo 18 vivía en Santa Fe Don Juan González de Setúbal. En esa época, la edificación compacta de la ciudad llegaba hasta lo que es hoy calle Juan de Garay.
    Para retirarse del bullicio de la ciudad hizo construir, a una legua al norte de Santa Fe, un oratorio dedicado a Nuestra Señora de las Mercedes. Al poco tiempo, cerca de 1770, el padre Miguel Sánchez, del Convento de los Mercedarios, encontró una estampa de la Virgen de Guadalupe, de México, y la colocó en un altar. En ese pequeño cuadro conocieron los santafesinos a María de Guadalupe.
    Al morir Setúbal, su viuda llamó a Francisco Javier de la Rosa, para que se hiciese cargo del oratorio. En 1779 el ermitaño reconstruyó completamente la capilla, que seguiría existiendo hasta 1900.

  • El barrio, a fines del siglo 18, estaba situado a 6 kms. de la capital provincial y se extendía desde la laguna Setúbal hasta el río Salado.
    Con el paso del tiempo se afincaron en torno al oratorio inmigrantes europeos; y la aridez del terreno comenzó a transformarse en una colonia floreciente.

  • En 1794, al ausentarse Javier de la Rosa, muchas personas dedicaron recursos a la obra. Entre los benefactores de esa época figuran los Aldao, Cullen, Galisteo, Ventura Coll, Crespo, Iriondo, Beleno, Garmendia y Funes. En 1900 hacen lo propio los Koch, Beckmann, Boch, Cantarutti, Massara, Alonso, Benassi, Biaggioni, Godoy, Meneghetti, Zanuttini y otros tantos.

  • Hacia 1814, las incursiones de indios hicieron que los pobladores que habitaban el antiguo caserío lo abandonaran.
    Después de la caída de Rosas, Argentina se pobló de inmigrantes. Cuando el peligro de los indios aún no se había conjurado, llegaron de Brasil varias familias alemanas: los Beckmann, Geiser, Koch, Pagero, Schulze, Barco, Erpen, Beck, Klaus, Müller, Hilmann, Heymo y Kloth, entre otros. Un grupo de colonizadores alemanes decide afincarse en 1856 en una nueva colonia, llamada Guadalupe.

  • Como consecuencia del crecimiento de la población, la Iglesia distribuye el espacio urbano en forma regular y geométrica. Las primeras urbanizaciones definían las manzanas en torno a la capilla, la plaza y el camposanto.

  • En el viejo Cine Capitol se exhibían películas, se organizaban reuniones políticas y agasajos.
    En cuanto al campanario de la iglesia, era don Passarelli, el antiguo sacristán, quien hacía hablar a las campanas. El modo que las hacía tañer ha quedado grabado en el recuerdo de los habitantes del barrio.

  • Los loteos posteriores, la aparición del automóvil, los caminos y la especulación privada hicieron que muchos clubes que tenían sus sedes sobre la playa debieran vender esos terrenos. Así, lo que pertenecía a todos quedó para el goce de unos pocos.
    En la actualidad, el Municipio hace muy poco por el recupero de lo que se observa en fotografías: las playas de Guadalupe en sus años de gloria.

  • Las peregrinaciones hacia Guadalupe entre 1850 a 1870, salvadas las distancias y los medios de transporte, conservan la misma esencia que se ve en la actualidad.
    Las mujeres improvisaban fogones y hacían hervir el agua para el mate en la calderilla. Por todos lados aparecían tendejones ambulantes, que vendían leche, vino, aguardiente, caña de azúcar, pastelitos y confituras secas.

  • A principios de 1900, sobre los cimientos de la capillita comenzó a erigirse un edificio dedicado a Nuestra Señora, para albergar a peregrinos que acudían a rendirle honores.

  • El auge constructivo de fines de 1920 hizo que muchos vecinos construyeran sus residencias de fin de semana en Guadalupe. Entre otros ejemplos se destacan Villa Zulema, Villa Margarita, Villa Alice, Villa Stukemberg y la Quinta de los Cassanello (hoy demolida).

  • En el perímetro de las plazas se reconocen viviendas de antiguos vecinos: los Benassi, López Rosas, don Andrés Bello, Monseñor Canale. Pueden visitarse la Villa Josefina Stukemberg, Villa Margarita, Villa Catalina, Hogar de Infantes "José Manuel de Estrada", Villa Zulema, Rambla López, Villa Alice y otros ejemplos de arquitectura de estilo normando, vasco, tudor, de un estilo arquitectónico denominado pintoresquista insertas, generalmente, en parques o jardines.
    La mayoría de estas edificaciones realizadas entre 1920 y 1930 refleja el movimiento de una clase burguesa que decidía vivir en zona de balneario.
    Junto a estas residencias convivían las moradas de otro sector social más trabajador, representado por la inmigración suizo-alemana o gringa. La vivienda más antigua del barrio pertenece a la familia Massara Cantarutti, de 1910.

  • La devoción a Nuestra Señora de Guadalupe hizo que se convirtiera en patrona de la diócesis.
    La inmigración fue marcando un crecimiento descentralizado con el resto del casco urbano. En 1943, el establecimiento de una Unidad Militar y el asentamiento de 80 familias de militares, contribuyó a unificar los límites del lugar. La laguna, las playas y la basílica terminan de configurar la individualidad del barrio.

  • Amalgamada entre la verde fronda del Gada 121 se yergue la Estanzuela de los Echagüe, casona colonial de fines del siglo 18, declarada monumento nacional, que fue lugar de descanso del Brigadier General Pascual Echagüe.
    Entre las arquitecturas que aún persisten se destaca la casa Massara, construida en 1910, que permite inferir cómo era la vida en la "casa del gringo".

  • En la zona del terraplén French, los hijos de quienes construyeron sus casas en torno a la basílica, urbanizaron zonas hasta no hace mucho deshabitadas e inundables.
    Al norte del barrio se extiende un cinturón marginal, con la secuela de problemas que ello trae aparejado: desocupación, inseguridad, inundaciones, es decir la cara de la marginalidad que contrasta con la opulencia.
    Pero la verdadera protagonista, el motivo que moviliza verdaderas avalanchas periódicas, sigue siendo Nuestra Señora de Guadalupe, fenómeno que se repite año tras año.

  • ICONOS DE LA VERTICALIDAD


    Por Adriana Isabel Pritz Clausen


  • Edificio Seagram - New York (1958): "Construyámoslo en bronce", dijo Samuel Bronfman. Philip Johnson casi se desmaya. "Pienso que sería una muy buena idea", dijo Mies van der Rohe. Los dos arquitectos habían encontrado al cliente de sus sueños: un propietario de recursos aparentemente ilimitados y, después de algunos estímulos, con una imaginación que congeniaba.
    Seagram actualmente ha desaparecido, fusionándose en la firma Vivendi -y el edificio de New York sigue siendo el apilamiento de cajas de vidrio que desafortunadamente inspiró- pero en las horas del crepúsculo sus ventanas de color whisky resplandecen aún con su brillo original.
  • Edificio Carbide & Carbon - Chicago (1929): "¿Cómo podría acunar tu mundo hoy?" Tal vez cambiando la marca registrada del edificio de 37 pisos de la Union Carbide por un Hotel Hard Rock y respondiendo de ese modo las llamadas telefónicas.Esto no es ciertamente lo que la Compañía tenía en mente cuando decidió construir un anuncio "distintivo y perpetuo para sus ocupantes". Esta empresa nunca pudo recuperarse de una pérdida de gas que en 1984 mató a miles de personas en Bhopal, India.La forma del edificio no es enteramente inapropiada para su nueva función: su silueta colorida y rimbombante, según la leyenda, fue moldeada sobre una botella de champagne dorada. Actualmente su fachada verde, negra y dorada ya no se descascara para alivio de los peatones que circulan por las aceras.
  • Edificio Woolworth - New York (1913): Ayn Rand lo llamó "El dedo de Dios". Un ministro religioso lo ungió como "La catedral del comercio" . Las gárgolas de su hall cruciforme, sin embargo, no estuvieron tan divinamente inspiradas. Una de ellas tiene un busto del arquitecto Cass Gilbert acunando una maqueta del edificio. Otra tiene a Frank W. Woolworth contando los centavos que ganaba. En 1913, Woolworth depositó 270 millones de centavos para que sus oficinas de la ciudad de New York pudiesen servir como "un cartel gigante que propagandizara alrededor del mundo una cadena en extensión" de comercios. La solución propuesta por el arquitecto Gilbert -una fusión entre el gótico del siglo XV y la verticalidad del siglo XX- encantó de tal manera al "rey del descuento", que estampó su imagen en todos los productos de su firma. Sus sucesores sentaron reales en el piso 24 -llamado Piso Imperial- y lo amueblaron con tesoros napoleónicos transportados desde Europa, antes de las liquidaciones de 1998, una década después de que Woolworth perdiera su lugar en el índice de Dow Jones a favor de Wal-Mart.

  • Edificio Alcoa - Pittsburgh (1953): En Pittsburg las compañías habitan los adefesios que producen. La Torre de Acero United States (1970), luce por fuera su acero Cor-Ten. El edificio PPG Place de Pittsburg (1984), es una catedral gótica de placas de vidrio. Y el edificio Alcoa parece una lata de aluminio a la cual con un sacabocados han llenado de agujeros. Concebida como "una demostración de la utilidad, economía y belleza del aluminio", esta construcción de 30 pisos, fue un osado experimento: la fachada liviana, agujereada desde las propias prensas de la compañía, fue envuelta en un marco de acero sin el uso de encofrados.Cada elemento, desde los ascensores hasta el móvil de Calder colgado en el hall central, fueron exponentes de la liviandad del metal. Algunos de sus imitadores como el edificio Citicorp de New York, que asemeja un cohete espacial, y el Banco de la República de Dallas forrado en aluminio, permanecen como ejemplos de utilización del material constructivo del futuro.En 1996, Paul OïNeill relocalizó Alcoa -que ya no era más el edificio en crecimiento de antaño- en otras amigables oficinas que él mismo ayudó a diseñar. Según su opinión, el vidrio sigue siendo muy pesado.

  • Edificio Irving Trust - New York (1931): Doscientos hombres armados fueron necesarios para proteger la mudanza que realizó el Banco Irving Trust cuando trasladó U$S 3 billones de efectivo en oro y otros bienes de sus oficinas centrales en el edificio Woolworth, a la bóveda de 72 pies debajo de la esquina de Wall Street y Broadway en New York.Aquí, en la pieza inmobiliaria más valiosa del mundo, el banco ha construido su propia obra de arte: una torre esculpida art decó que culmina con un juego de ventanas facetadas de 30 pies de altura. Adentro se encuentra uno de los más dramáticos e inaccesibles espacios interiores de Manhatan: un piso número 49 donde los directivos tienen un salón mirador con chimeneas de mármol rojo, tapices Aubusson y un cielorraso reluciente de miles de caparazones iridiscentes traídos desde Filipinas. Las paredes ondulantes (cubiertas en cuatro tonos de seda) imitan la piel exterior de piedra caliza. Tan codiciado era el edificio y su dirección -Wall Street 1- que despertó el interés de una corporación de asaltantes. En 1988, el Banco de New York completó una toma de mando hostil, dejando de lado su intento de vender la marca registrada. En cambio, el lugar que había ocupado desde 1797 y se mudó justamente allí.

  • Fuentes: Traducción y adaptación del artículo de Jerry Useem-Pinnacles of Power, revista Fortune, de United Airlines, abril 2004 

    ARQUITECTA DE LA SOCIEDAD


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    La mujer del siglo XXI debe multiplicarse para cumplir los roles tradicionales más los nuevos que la vida actual implica.
    Foto: Archivo El Litoral
    Arq. Adriana Pritz
    En este fin de semana que celebramos el 8 de Marzo, el Día Internacional de la Mujer, dedicamos estas líneas para resaltar el valor de las mujeres como pilares sobre los cuales descansa la construcción social.
    Desde la noche de los tiempos, el papel de nuestras congéneres del sexo femenino se reducía solamente al ámbito de la vida familiar, a la reproducción, a hacerse cargo de las labores domésticas, al cuidado de la prole, alimentación, vestido y educación.
    En el siglo pasado, en aquellos países del hemisferio norte donde a causa de las guerras la población masculina fue diezmada, el rol de la mujer tomó mayor preponderancia, ya que a sus tareas habituales debió asumir aquellas ocupaciones que antes eran desempeñadas por los hombres. Y esos ejemplos llegaron a países como los nuestros
    donde era raro ver a señoras o señoritas trabajando de albañiles, plomeras, electricistas, policías, repartiendo la correspondencia o conduciendo colectivos.
    Se ha hablado hasta el hartazgo acerca del porqué las mujeres no ocupan cargos dirigenciales, por qué hay tan pocas de ellas en los puestos clave empresariales o políticos. Muchas de las que lo han conseguido pagan duros precios por esos espacios de poder que han logrado disputarles a los hombres, llámese falta de tiempo para dedicar a la educación de sus hijos, tiempo para sus parejas, tiempo para dedicar a ellas mismas a gratificar su autoestima con tareas que no sean solamente las de limpieza y rutina del hogar como continuar su educación o ampliar horizontes culturales.
    El desafío actual
    En nuestros tiempos, donde la violencia cotidiana y los problemas de convivencia nos aterran, donde falta a ojos vista la contención social de niños, jóvenes y ancianos, la mujer del siglo veintiuno debe multiplicarse para cumplir también el rol que desempeñaban nuestras abuelas, fuertes, decididas, cual era apuntalar el hogar contra viento y marea, haciendo confortable y vivencial la vida hogareña, que no falte el plato de sopa y el pan caliente en el invierno, o una merienda con dulces caseros cuando se llega hambriento del colegio o del trabajo, encontrar ropa limpia y planchada en los roperos y una cama tendida, la casa barrida y ordenada pero por sobre todo, una sonrisa, una caricia o una palabra amable cuando se necesita tanto de esa armonía que falta en la vida fuera del hogar. Porque es en el hogar donde se forja la verdadera educación, un joven contenido en su hogar no necesita salir a buscar afuera en la droga y el alcohol aquello de lo que carece, es allí donde debe encontrar orden, armonía y tranquilidad.
    Es por esto que dedicamos nuestro reconocimiento a las enfermeras de los hospitales,
    a las mujeres que atienden los comedores públicos, a las docentes, a las empleadas domésticas, a las que trabajan fuera de casa en tantas tareas necesarias, a las que cobijan animales de la calle, a todas y cada una de aquellas que anónima, callada y cotidianamente sostienen de algún modo la familia y nuestra sociedad cada día.
    A las mujeres que encontraron su lugar como formadoras y educadoras de seres humanos nuestro agradecimiento, ya que ellas sabrá preparar adecuadamente a las nuevas generaciones para tomar sus lugares cuando hayan cumplido su ciclo vital.